En la industria de la refinación de aceites vegetales, especialmente para el aceite de palma, las empresas medianas enfrentan un desafío común: equilibrar eficiencia energética, pureza del producto final y cumplimiento de estándares internacionales como ISO 22000 o HACCP. La solución no está en elegir entre prensado en frío o en caliente, sino en entender cómo cooperan ambas técnicas para optimizar la producción.
El prensado en frío (cold pressing) mantiene los nutrientes naturales como tocoferoles y ácidos grasos insaturados, ideal para productos premium destinados a mercados europeos o asiáticos donde la salud y la sostenibilidad son claves. Según estudios de la Universidad de Malaya (2022), este método conserva hasta un 92% de los antioxidantes totales frente al 65% del prensado tradicional.
Por otro lado, el prensado en caliente (hot pressing) mejora la extracción de aceite, alcanzando hasta un 87% de rendimiento en comparación con el 75% del frío —una diferencia significativa en plantas que procesan >50 toneladas/día. Sin embargo, exige control preciso de temperatura (entre 65–75°C) para evitar degradación del aceite.
Una planta moderna puede diseñar su proceso en tres fases:
Este sistema reduce el consumo de energía en un 18% en comparación con solo prensado caliente, según datos de la ONG AgroSustainable (2023). Además, mejora la estabilidad del aceite durante almacenamiento (más de 12 meses sin cambio de color ni olor).
Los fabricantes pequeños suelen cometer errores como:
La clave está en la integración inteligente de sensores IoT y sistemas SCADA que ajustan automáticamente la temperatura, presión y tiempo de prensado. Esto permite una operación más estable y reducir el 30% de pérdidas por defectos de calidad.
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