En el sector de la industria alimentaria africana, especialmente en países como Nigeria, la calidad constante del aceite de palma es una prioridad estratégica para las pequeñas y medianas fábricas. La innovación de la tecnología de prensado frío y caliente combinado, desarrollada por Penguin Group, está revolucionando este campo al ofrecer una solución técnica y económica que equilibra eficiencia energética con rendimiento del producto.
El prensado frío (temperatura ≤ 40°C) preserva mejor los compuestos naturales como tocoferoles y fitosteroles, lo que aumenta la vida útil del aceite y su valor nutricional. Por otro lado, el prensado caliente (60–80°C) mejora la extracción del aceite, pero puede afectar la calidad si no se controla bien. Al combinar ambos procesos, se logra una mejora del 25% en la pureza del aceite y una reducción del 18% en consumo energético comparado con métodos tradicionales.
Estándar internacional: Según la norma ISO 17339-2021, un aceite de palma refinado debe tener menos de 0.5% de ácidos grasos libres (FFA). Esta tecnología alcanza promedios de 0.2–0.3%, cumpliendo con requisitos de exportación a UE y EE.UU.
La secuencia típica incluye: limpieza → prensado frío inicial → deshidratación → prensado térmico final → filtración activa. Este orden permite eliminar más agua y sólidos en la primera etapa, reduciendo la carga sobre el sistema de calentamiento posterior. En pruebas reales en plantas de Nigeria, esta secuencia ha permitido aumentar la producción diaria en hasta 12% sin necesidad de inversión adicional en maquinaria.
Los parámetros clave —como la temperatura de entrada (40–60°C), tiempo de contacto (20–30 min), y velocidad de rotación del extractor— deben ajustarse según la variedad de fruto. Herramientas de monitoreo inteligente (IoT integrado) permiten controlar estos factores en tiempo real, evitando errores humanos comunes como sobrecalentamiento o falta de presión.
Algunas fallas comunes incluyen alta viscosidad post-prensado o pérdida de color natural. Con esta metodología, se recomienda ajustar el pH del agua de lavado a 6.5–7.0 y usar filtros de carbón activado después del paso térmico. Estas acciones han reducido el índice de rechazo del producto en un 30% en plantas piloto de Ghana y Camerún.
Además, la automatización del sistema reduce la dependencia de mano de obra especializada, lo cual es crucial en mercados donde el talento técnico es escaso. Las instalaciones que implementaron este método reportan una disminución del 40% en tiempos de inactividad por mantenimiento preventivo.
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