En el sector de la refinación de aceites vegetales, especialmente en regiones como África subsahariana donde las pequeñas y medianas fábricas enfrentan desafíos de eficiencia y calidad, la combinación estratégica del prensado en frío (cold pressing) y el prensado en caliente (hot pressing) se ha convertido en una solución técnica avanzada y económicamente viable.
Según datos de la FAO (2023), el 68% de los productores de aceite de palma en Nigeria aún operan con métodos tradicionales que no optimizan ni la calidad ni la producción. El prensado en frío (entre 40–50°C) preserva mejor los compuestos antioxidantes como el tocoferol y el ácido palmítico, mientras que el prensado en caliente (70–90°C) aumenta la extracción del aceite hasta un 15% adicional gracias a la reducción de viscosidad del material.
“Al combinar ambos métodos, logramos una mejora del 22% en la estabilidad oxidativa del aceite, lo cual es clave para cumplir con normas internacionales como ISO 22000 o HACCP.” — Dr. Amina Yusuf, Ingeniera de Procesos en la Universidad de Ibadan
El flujo de trabajo ideal incluye tres etapas críticas:
Este enfoque reduce el consumo energético en un 18% comparado con sistemas totalmente en caliente, según estudios realizados por el Instituto Tecnológico de Lagos (2022).
Una de las principales dificultades detectadas en campo es la formación de emulsiones durante el desgomado. La solución efectiva implica ajustar el pH a 6.5–7.0 y aplicar un tratamiento térmico progresivo (incremento de 2°C/min). En casos extremos, se recomienda añadir un agente desemulsionante biodegradable (como el citrato de sodio), que mejora la separación del agua sin afectar la certificación orgánica del producto.
Además, el uso de sensores de temperatura en tiempo real permite mantener el rango óptimo (40–50°C) en la fase de prensado en frío, evitando pérdidas de aroma y nutrientes. Esto también ayuda a cumplir con requisitos de certificaciones como RSPO o EU Organic, cada vez más exigidos por compradores europeos.